Más de uno debe haber pasado por el régimen de un nutricionista y durado solo tres días o máximo una semana. Si es tu caso, no es ni tu culpa ni la de tu nutricionista. El trasfondo va más allá de solo tener fuerza de voluntad o un deseo de cambio. No sientas que no poder controlar tu peso signifique que no tienes fuerza de voluntad. La tendencia actual al sobrepeso describe que las emociones manejan nuestro peso en un 80%. Así que, si desenmascaramos la raíz del problema, veremos que son nuestras emociones las que nos engordan o nos adelgazan, pues la relación entre lo que sentimos y lo que comemos es directa.

Por eso, el primer paso es poder reconocer y afrontar las emociones sin recurrir a planes de adelgazamiento que desvíen tu atención por repetidas frustraciones. No luches contra tu cuerpo. Cuando entiendas que tus problemas no podrás resolverlos mediante la recompensa inmediata de la comida, te darás cuenta de que son dos procesos diferentes que deben ser afrontados de dos maneras totalmente distintas. Si quieres llevar “una dieta ideal” para tener el “peso ideal”, las intenciones siempre empiezan siendo muy buenas, pero los resultados son pésimos. Escucha a tu cuerpo antes de luchar contra él. Descansa si tienes sueño, nútrelo y quiérelo porque necesita mucho cariño.

Una gran manera de empezar a escucharlo se da con tres cosas simples: toma agua cuando sientas sed, come solo cuando sientas hambre (muchos comemos antes de llegar a ese estado fisiológico) y empieza a tratar de descifrar qué te pide el cuerpo como nutrientes. Nuestras madres o abuelas seguramente nos hablaban del equilibrio de comer saludable, que el cariño por nosotros mismos y nuestro entorno familiar está en cocinar y nutrirnos. Tómate el tiempo de cocinarte. Así sea un plato hecho en diez minutos. Creo que todos podemos preparar unos huevitos revueltos u omelette con queso o tomate y acompañarlos con paltita.

Si actuamos netamente por impulso, es muy probable que, por aburrimiento, entretenimiento o ansiedad, comamos cualquier cosa y sin atención. Al hacerlo así, te aseguro que siempre será en exceso. Te aconsejo que en estos casos mejor tomes un poco más de atención. Si sabes que vas a “pecar”, dale algunas vueltas conscientemente preguntándote: ¿me provoca un plato caliente?, ¿algo ligero?, ¿dulce o salado? Así podrás comparar también entre la cantidad y la calidad de los alimentos que comes cuando estás con hambre fisiológico o emocional y cuánto te falta para llegar a un balance entre ambos. Y podrás, poco a poco, ir sintiéndote más confiado con tus decisiones.

Conclusión: tu mente y emociones son las que te llevarán a conseguir lo que desees. Y la clave está en creerse ese deseo, con toda la fe. Reeduca tu mente, si piensas que será fácil, lo será, y encontrarás las maneras de hacerlo. Llega a tu balance con atención para, poco a poco, sentirte sanamente feliz, física y emocionalmente.