Antes de hablar de los superalimentos debemos entender el mundo de los alimentos industrializados y procesados. Es un negocio en el que se compite por mantener los alimentos mucho más tiempo en los supermercados. Estos productos, para que sean competitivos y rentables, deben contener insumos baratos y adictivos, incluso muchas veces sintéticos. No quiero decir que nunca podamos comerlos, pero sí que tomemos conciencia. Entendiendo esto, podemos entender tantos males que hoy en día se multiplican, como el cáncer y la diabetes.

Siempre estamos buscando maneras de vivir y sentirnos mejor. Así es como nació el boom de los superalimentos. Son una variedad de productos altamente nutritivos, sin preservantes ni conservantes, cultivados de manera orgánica, sin modificaciones genéticas, pensados únicamente en el rendimiento. Con mucho orgullo podemos decir que vivimos en un país con una gran abundancia de superalimentos. Son una excelente fuente de fibra, vitaminas, minerales, fitonutrientes y compuestos antioxidantes, considerados como una medicina de la naturaleza.

Entonces, por qué no alimentarnos con quinua, maíz, papa, yuca, camote o legumbres como una gran fuente de energía. Muchos de ellos son fuentes de azúcares naturales como el agave, la miel de abeja y frutas tan deliciosas. Las grasas saludables son indispensables para regenerar nuestras células, mantener eficiente nuestro sistema inmune y brindarnos una sensación de saciedad. Las grasas esenciales son el omega 3 y 6, que encontramos en las semillas de chía, linaza, frutos secos, paltas y pescados.

Está en nosotros saber qué queremos realmente y responsabilizarnos por nuestra salud para poder vivir sanos y felices por muchísimo más tiempo.